Entre al realidad y el deseo
se ha levantado un muro de Berlín
demasiado alto para mis manos,
demasiado largo para una vida,
demasiado sólido para mi ímpetu.
Pero frágil ante la mirada
del sueño.
No hay elevación
Que no termine por doblarse
como el junco ante la brisa.
Ni distancia
que cien años dure recorrerla
Ni fuerza
que no se pueda vencer
con el tacto de los ojos.
se ha levantado un muro de Berlín
demasiado alto para mis manos,
demasiado largo para una vida,
demasiado sólido para mi ímpetu.
Pero frágil ante la mirada
del sueño.
No hay elevación
Que no termine por doblarse
como el junco ante la brisa.
Ni distancia
que cien años dure recorrerla
Ni fuerza
que no se pueda vencer
con el tacto de los ojos.

1 comentario:
La fragilidad de las miradas se pueden transformar en caricias cuando se van leyendo renglones escritos desde la brisa que toca en la ventana con la yema cálida de los dedos que van transcribiendo el fluir de sueños, deseos, anhelos, vuelos, donde no existen distancias y el tiempo se detiene.
Sigue escribiendo, lo haces muy bien, casi tanto como los poetas, porque donde hay alma siempre habrá letras escritas con caricias.
Besos.
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