jueves, 10 de mayo de 2012


Mientras la siente sentada sobre él repasa, muy fugazmente (porque el placer apenas le impide tener consciencia de algo más que no sea estar entrando en  el cielo) momentos vividos con ella: risas, sensaciones que dejan unos ojos entre cientos cuando se clavan en los suyos, aquella caricia repentina en su cintura (leve, pero muy intensa)… Momentos que son los que marcan una vivencia, los que despiertan el deseo hacia el otro, los que dejan claro quien quieres que esté a tu lado.
El calor y la humedad invaden su ingle, su nombre (el de ella)  se derrama entre sus labios, sus dedos recorren el sendero de su espalda, creando sobre su piel un  laberinto de sensaciones… Entonces, como poseído por el deseo de verla abre los ojos, pero ella no está… físicamente. Se da cuenta que lo que él está haciendo, es (d) escribir un sueño, siguiendo el dictado del alma…  Los cierra de nuevo y ella vuelve, susurrándole…





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