jueves, 10 de mayo de 2012

Leer, dibujando en su imaginación lo que lee; escribir, plasmando con letras de deseo lo que siente, o mirar, simplemente mirar.
Ella prefiere leer y escribir; leer para dejarse llevar en ese vuelo imaginario donde las caricias toman forma, porque son las que ella quiere que sean en ese momento. Cuando la lectura empieza a crear sensaciones en su piel, incluso en su interior, ella cierra los ojos, y continua el vuelo iniciado a través de las letras, cuyo fin es tan imprevisible como la vida misma.
Porque en esa letras que acarician sus ojos, quizá esté la esencia de lo que ella espera de la vida. 




¿Una imagen vale más que mil palabras? No, en este caso no…
Por eso, también escribe lo que su alma la dicta. Y porque al hacerlo, su imaginación vuelve a volar, que es, en definitiva, su única forma de ver la vida. Cuando escribe, lo hace envolviendo la piel con letras como caricias, desnudando su alma y el de quien la lee. 
 Y quien la lee, no puede evitar embarcarse en un vuelo tan erotizante como ella.
En el fondo, los dos vuelan, se desnudan, sueñan a través de las letras…

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