miércoles, 2 de mayo de 2012


Imagina un beso que dure, por ejemplo, un minuto. Y que ese mismo espacio de tiempo se quede muy pequeño para recorrerte con cada una de mis manos. Mis labios irían mucho más lentos… Si un día tiene 1440 minutos, imagíname entonces en tu regazo un siglo; ¡qué corto sería el tiempo!

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