No; no es comparable. Mi deleite no es comparable con la muerte; el de Yamam, sí. Él se inflama, se
exalta, tiembla, eyacula, y decae y se apacigua. Entretanto yo río, yo lloro, jadeo, clamo, y mis orgasmos
no son más que un boceto, un cañamazo donde el placer borda su intrincado paisaje. Y si mis gozos son
descargas como las de Yamam -lo que no creo-, cuanto más numerosos, más se multiplican y más crecen.
Y yo, en medio de ellos, no estoy ni satisfecha ni insatisfecha, ni saciada ni insaciable, sino siempre dispuesta
a recomenzar... Y Yamam, sobre mí o al lado mío, observándome, cayendo en la cuenta de que
hacer gozar no es poseer, de que me escapo por las vías de un derroche por donde él no puede acompañarme;de que, al proporcionarme placer, abre un canal a mi barco, una puerta por donde yo me alejo de él en lugar de solidarizarme.
Luego, sí; luego se lo agradezco. Pero en esos instantes yo estoy sola, embriagada como una posesa,
como una bacante campesina, a la que, desde abajo, Yamam ve ascender y evadirse. Y nunca es previsible
lo que sucederá, porque el deleite navega y va y vuelve por diversos itinerarios cada vez. Y Yamam,
confundido, provoca con un gesto una reacción distinta a la que con ese mismo gesto provocó, no ya el día
anterior, sino hace unos minutos. Y de arriba abajo mi cuerpo está traspasado por él; mis orejas, mis rodillas,mis párpados, mis muslos, mis nalgas, mis poros, todos los orificios, por pequeños que sean, lo recibeny lo acogen. Cada combate es tina encrucijada, y Yamam está en todos los caminos, pero sin nombre, sin rostro, o con la máscara mojada del placer. Y así como yo puedo sentir su esperma como culminación suya,él no siente cuándo culmino yo, si es que dejo de culminar para otra cosa que culminar aún más. Ni puedemedir -yo tampoco- el peldaño al que trepa una contorsión mía, un fruncimiento, la agitación de mis piernaso una lubricación... Porque en mi placer nada tiene que ver con nada, y él no lo entiende. Ni entiendeel final, ni los trayectos.
Por eso comprendo que se indigne. Comprendo que él prefiriera que todo estuviese debajo de mi vientre,
que mi placer se pareciese al suyo, que lo consumáramos a la vez, casi idénticos fluyendo los dos. Pero
no es eso; no es así. Cuando él está colmado y se adormece, yo estoy en el principio de la gloria; cuando
él ha experimentado su pequeña muerte, yo yazgo deslumbrada por lo que aún me espera; cuando él emite
la prueba de su gusto, yo no dejo ninguna de los esplendorosos míos; cuando él respira entrecortado, yo
corro mi carrera de obstáculos refulgentes, al saltar cada uno de los cuales palpo a ciegas los cielos...
Cuanto más gasto, más tengo, mientras él ha de ahorrar y recuperarse; mientras él se hunde en una noche
de fatiga, en mí amanece, todo se rearma y se ilumina; mientras su gozo le parece una exaltación de la
vida, de la que pende como un ahorcado, mi voluptuosidad va a más voluptuosidad y a más vida y a mayor
despilfarro de ella. Tanto, que nunca, al comenzar, pienso que llegaré tan lejos, con los ojos en blanco, tanteando pero no por la oscuridad, sino por el deslumbramiento- hasta donde se agotan mis poderes, que
es donde recibo otros más altos todavía, más extenuantes, más ofuscadores.
(La pasión turca. Antonio Gala)

2 comentarios:
Precioso...
Un abrazo.
Gracias Luna. Lo es...
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